Seguramente tienes un talento que te hace resaltar entre tus
conocidos, y sin duda, como emprendedores echan mano de esas cualidades. Pero
hay que reconocer que no lo sabemos todo, ni somos hábiles para todo. Es ahí
cuando hay que pedir ayuda a los expertos (o talentosos).
Por ejemplo: eres un excelente vendedor y montas tu página
web. Pero resulta que la has cargado de imágenes pesadas; el resultado es una
mezcla de todos los colores y los tipos de letras; no es compatible con celulares;
tienes enlaces a ningún lado; o has colocado un banner con una “súper oferta”, pero no has
incluido ni la dirección de tu sucursal. Esa es la fórmula de una catástrofe.
Te daré un tip, como en todo lo primero es idear qué
queremos hacer. Toma una libreta y anota todas las cosas que te gustan de las páginas
que comúnmente visitas; ahora toma la lista y elige los elementos que crees
funcionales para tu proyecto.
A continuación realiza un bosquejo del orden qué podrían
tener esos elementos. Si el resultado te gusta, entonces es hora de empezar a
diseñar tu web.
De lo que quede, pregúntate: ¿todo es
funcional? Seguramente podrás retirar algo. Ahora asegúrate que los enlaces
funcionen, que sea comprensible, y además que complazca tus expectativas.
Ahora muéstrala a alguien, que no tenga pena de decirte
una opinión negativa si es necesario. Y si esa persona queda conforme, entonces
estás del otro lado. Es importante que no te quedes solo con tu opinión.
Recuerda que a nuestros ojos, los puede engañar el gusto,
pero a nuestros clientes no. Y al final debemos pensar en los demás, para que
nuestro verdadero talento florezca y rinda sus frutos monetarios.
Recuerda que tu web debe adaptarse; lo que es funcional hoy no lo hará para
siempre. Escucha a tus clientes, incluso a los proveedores. Pequeños cambios
continuos harán de tu página la marquesina perfecta para ofrecer tu verdadero
talento.
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